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Jesús Millán
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La otra voz del pasado, trece años después.
Hace ahora trece años elaboré -con la precipitación que se hace notar y que prefiero dejar intacta- algunas conversaciones vívidas con un lúcido y enérgico Ramón Pérez Álvarez. Lo primero que quisiera subrayar es lo excepcional de la experiencia. En mi caso, como en otros muchos, fue la pasión biográfica y directa de la peripecia personal lo que llevó al estudio de la historia, ese conocimiento que luego tantas veces reproducimos de manera a primera vista fría, para muchos reacia a transmitir el pulso agitado de la vida que constituye su raíz original e inevitable.
En la primavera de 1984, las conversaciones con el oriolano Ramón Pérez fueron un encuentro con una parte de esa vida, una parte especialmente frágil y marginada. La voz de los vencidos suele ser el principal blanco de la furia del vencedor y así sucedió especialmente en las largas décadas posteriores, al aplastamiento de la democracia republicana. En ese largo periodo, la fabricación de una "verdad oficial",, unilateral, centrada en una parte selectiva de la realidad, cuando no abiertamente manipulada, se impuso sobre la gente de nuestra generación y condujo a la peculiar situación actual de nuestra memoria histórica. Especialmente en Orihuela la imagen del pasado ha prescindido con demasiada frecuencia de este género de testimonios, contribuyendo así al monopolio de una representación excesivamente homogénea, institucional-victimista o ajena a las existencias cotidianas de la gente anónima, con sus ilusiones y sus conflictos. En definitiva, capaz de inyectar una carga de nostalgia afectiva, pero en gran medida ajena a lo que constituye ese pulso agitado de la vida que nos puede hacer comprender las actuaciones de quienes nos precedieron y no sólo juzgar por clichés y estereotipos.
Naturalmente, no ignoro que el testimonio vivo es un testimonio constantemente reformulado, recreado y, a la postre, también selectivo. No es " la" voz real del pasado. Pero ¡ganamos mucho prescindiendo de esas otras voces vivas, cargadas no sólo con las huellas de los que vieron, amaron y sufrieron, sino también con sus razones y argumentos, ramo tiempo desoídos y que ahora se cruzan y replican a los de otros? Testimonios como el de Ramón Pérez se integran esencialmente en una reflexión seria sobre nuestro pasado, donde hay que incluir los análisis históricos recientes sobre la república, la guerra y la postguerra en estas comarcas del País Valenciano meridional, como los de Vicent Gabarda, Aurora Bosch, Miguel Ors o Roque Moreno, quienes a su vez han aprovechado también estas voces que emergen del torbellino de la barbarie y el abatimiento.
Por este motivo, en especial, creo que los oriolanos tenemos una deuda algo singular con Ramón, que conservó el recuerdo y los nombres de su tiempo y mantuvo la pasión generosa para seguir luchando en nuestro presente. También por hablar contra corriente, por no reforzar la tarea de quienes tratan de construir imágenes perfectas y congruentes del pasado y por mantener, en cambio, el espíritu crítico que en cada caso le parecía necesario, incluso a costa de reflejarse a veces a sí mismo con su carga de ilusión demasiado inexperta y confiada. Quizás este ejemplo contra corriente sea uno de los contados impulsos actuales en favor de la pasión por el conocimiento, la reflexión sobre la realidad y el espíritu crítico.
Orihuela, febrero de 1997
CANFALI VEGA BAJA, Miércoles 28-III-84
HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ
Memorias de la Orihuela republicana RAMÓN PÉREZ ÁLVAREZ FUNDADOR DE LA CNT. Jesús Millán
El abandono de la memoria histórica oriolana no afecta solo a sus monumentos ni a los siglos pasados, sospecho que en ciertos aspectos debe ser más fácil conocer temas del siglo XVI que de la II República. Y sin embargo ha habido también una Orihuela republicana y en guerra que ha tenido sus protagonistas. Al alcance de la mano muchas veces, no han hallado quien se ocupe de recoger su memoria, el recuerdo de aquellos años apasionados. Por ello, y casi obligado por su franqueza y su amabilidad, he recogido algunos recuerdos de Ramón Pérez Álvarez, el adolescente que fundó la CNT en Orihuela.
POLÍTICA Y CULTURA
El origen familiar de Ramón puede tomarse como bastante corriente en la Orihuela de comienzos de siglo. "Nací en 1918 en la calle Masquefa, cerca de la Pza. de la Pía, exactamente en la Caja de Monserrate. Soy el mayor de cinco hermanos. Mi padre había sido carpintero en el colegio de los jesuitas y luego se hizo cartero. En mi casa se respiraba un ambiente religioso. Mi padre era el Apostolado de la Oración y recuerdo las visitas de los franciscanos a mi casa así como, más adelante, su preocupación por el tipo de libros que yo leía. En cambio, políticamente, no recuerdo nada especial en casa. Tal vez la relación de Pelayo Beltrán, un carlista de Valencia muy respetado en Orihuela, que tenía amistad con mis padres”.
Como para muchos españoles, la República fue el inicio de la política. “Antes no había partidos”, dice. Después del 14 de abril me puse un botón con los colores republicanos en la solapa y en el Colegio de Sto. Domingo el hermano Mercader me obligó a quitármelo. Recuerdo que al salir del colegio, sin saber por qué, me uní a la manifestación que celebraba la República. Mis relaciones con los jesuitas empeoraron. Para mí eran muy injustos y amigos de favoritismos y yo nunca he sido “tiralevitas”. Se unieron otras circunstancias. Había muerto su padre en un accidente y las necesidades familiares le obligan a trabajar como cartero con 14 años. “Solicité una beca a la Caja de Monserrate, establecida para obreros e hijos de obreros, pero no me la dieron. Así que me quedé en tercero de bachiller”.
Pero la inquietud cultural, mezclada de rebeldía, del joven cartero se iba a desatar enseguida. A los 15 años afirma haber dejado de ser religioso por evolución propia. Lee mucho, en la vieja biblioteca pública, y un tanto caóticamente, con un gran afán de saber las cosas por sí mismo. “Novela y ensayo más que poesía: Ortega (leí varias veces El espectador), Miró, Azorín, Pérez de Ayala, etc. También leía El Sol y me suscribí a la colección Labor. Incluso leí alguna obra de Jaspers, sin digerir, claro. Los clásicos del siglo de oro los leí sólo porque me lo impuse a mí mismo; no tuve en este sentido las lecturas que tuvo Miguel Hernández al principio. Participé en la creación de la revista Silbo, can gente muy variada: Jesús Poveda, Carlos Fenoll, Alfredo Serna y Justino Marín”.
Aquella especie de revolución cultural que acompañó los inicios de la República también llegó a Orihuela. “Se hicieron nuevas escuelas y vino una selección de maestros excepcionales: Paco Ochoa, Paco Zaragoza, Gerardo Paños. Algunos eran de Alicante. El Instituto fue otro foco cultural renovador: González Sáenz, Portillo, Sequeros ...Por la izquierda tal vez el más destacado era Augusto Pescador, un socialista amigo mío que había estudiado la filosofía de Hartmann. En la derecha estaba el conocido capuchino P. Buenaventura de Puzol, asesor de la CEDA, que conocía a fondo la filosofía moderna. Recuerdo que nos predicó algunas veces a los carteros por la fiesta del Pilar. Y luego, naturalmente, Sijé, el notario Quilez...”
Ramón recuerda sus paseos con Miguel Hernández por la huerta y la montaña y su lectura voraz de libros de la biblioteca que Miguel trataba con poco cuidado."Preparo ahora una biografía suya".
Políticamente el panorama oriolano era un tanto paradójico, a la vez que experimentaba cambios rápidos. “En aquellos años las posturas políticas eran muy fluidas”, insiste. No tiene dudas del dominio numérico de la derecha, aunque ésta estuviera dividida. Sin embargo, los ayuntamientos oriolanos de la República eran de izquierda. Un tema a considerar por los historiadores. “EI carlismo era muy importante. A mí me parecía algo trasnochado. Eran, por un lado, la clase media comerciantes bien situados y dirigidos por Ángel García Rogel, que fue cabo de somatenes: gente como Jerónimo Tomás, Antonio Gil, Manuel Lozano. Luego había muchos carlistas pobres en zonas como la calle de Arriba y para el Rabaloche". Los socialistas eran los más unidos de la izquierda y luego los republicanos: “David Galindo, que fue un gran alcalde (como lo fue Francisco Díe con la Dictadura de Primo de Rivera), el sastre Paco Oltra, Eliseo Pérez, que tenía una tienda de muebles, Pepe Ortiz, Escudero Benicola, muy próximo a la Casa del Pueblo, etc.” A los 16 años, con Gerardo Paños y Perea, funda las Juventudes de Izquierda Republicana. “Era la época del bienio negro, que fue muy duro en todas parte y aquí también. El Ayuntamiento de izquierdas fue destituido y la alcaldía pasó a un lerruxista, Ricardo García López. Hubo varios escándalos que se achacaban al secretario, Pedro García Cubero, que era una especie de cacique. Se decía que llevaba a aparear sus perros en un taxi por cuenta del Ayuntamiento”.
CATÓLICOS, OBREROS Y REVOLUCIONARIOS
“A mí me llevó a la izquierda la inquietud por la justicia social y la situación de la clase obrera”, afirma, al tiempo que reconoce que en su trabajo de cartero no tuvo conflictos dignos de mención. Los patronos dejaban muchas veces de cultivar y ésto suponía auténtica hambre para los jornaleros. “Eran las zonas de miseria las zonas de la huerta más rojas: Vereda de Buena Vida, La Campaneta, S. Bartolomé, Las Norias. Recuerdo que se formaba una bolsa de trabajo en el Puente de Poniente y allí iban los jornaleros a esperar que los quisieran contratar. Las distancias sociales eran abismales. La Caja de Monserrate hacia un reparto de pan al que acudía una cola enorme. Un día se rompió la zafra de aceite de Andrés Pescetto, que administraba muchas fincas, y el aceite se derramaba a la calle por debajo de la puerta. La gente del Churripel se apiñó allí para recoger lo que podía. Luego la Guardia Civil fue por las casas para requisarlo”. La Orihuela de la República tenía un peso evidente de la gran propiedad, sobre todo forastera. La reciente expansión del naranjo suponía un factor especial porque estas fincas, a no ser que el colono hubiese hecho la plantación, no se cedían en arrendamiento. Los arrendatarios, entre los que había algunos fuertes, como Canales, que luego sería un gran propietario. Lo eran casi siempre de tierra en blanco “y eran todos de derechas”. “Pesaba mucho el señorito y el Sindicato Católico, que hacía una gran labor concediendo préstamos y fertilizantes. Además el Sindicato Católico abarcaba a casi todos los dependientes de comercio, panaderos, artesanos...Recuerdo a Paco Ruiz “El Tarugo”, tipógrafo, Pepe Gas y Antonio Moya, dependientes”. Hubo un cierto trasvase del sindicalismo católico a la UGT, para luego enfrentarse ambas organizaciones seriamente. “Gente como Pepe Torres, un taxista que era un buenazo al que llamaban «el santo laico”, y también los socialistas Isidoro Sánchez Mora y Antonio Cubí, tipógrafos”. La UGT reunió a la mayor parte de los jornaleros agrícolas, pero también los había en el Sindicato Católico. “Aparte de ésto, en la fábrica de la seda o en los almacenes de naranja no había prácticamente movimiento social”.
“Es tras el gobierno de la derecha durante el bienio negro cuando Ramón Pérez se radicaliza. “Siempre he admirado mucho a Azaña pero en enero del 36 decidí abandonar el republicanismo, porque ya no me satisfacía, quería algo más radical”. Ramón manifiesta no haber tenido nunca beligerancia anticlerical y da cuenta de sus relaciones con algunos sacerdotes e incluso canónigos. Pero, todavía hoy, deplora la pérdida del impulso revolucionario por parte de la clase obrera, aunque es enemigo de la violencia. “Los socialistas no me convencían. Era amigo de Pescador, pero los veía demasiado intelectuales. Todavía hice las elecciones de febrero con los republicanos, pero enseguida fundé la CNT en Orihuela”. No estaba solo. “La fundé con Antonio Pujazón, un factor de estación malagueño que estaba aquí represaliado, y con Miguel López, un catalán con buena formación anarquista que trabajaba en una tintorería. Gracias a el conocí a Kropotkin, Sénder, Bakunin”.
La base era poco numerosa. “Quizás 30 ó 40 en la comarca. Casi todos jornaleros y en especial de Las Norias, como “Barajo” y Pepe de Santiago. Eran gente muy necesitada, preocupados ante todo por comer, analfabetos, pero convencidos de la necesidad de la revolución. Eran mucho mayores que yo. Yo era un crío, pero me seguían a pies juntillas y cuando yo iba a Las Norias era como si llegase el cura”. Ramón recuerda que en Las Norias no tenían propiedades grandes terratenientes, pero dominaba el naranjo y ya hacia 1933 jornaleros que se habían quedado sin cobrar su trabajo causaron daños en huertos de agrio del Camino de Beniel. Así nacía la CNT, tradicionalmente con escaso arraigo en el sur valenciano y se diversificaba la izquierda local, dominada hasta entonces por republicanos y socialistas. El PCE nacería con la guerra, de la mano del carpintero socialista Andrés Martínez.
Al estallar la rebelión en julio del 36 Ramón se integró en el “Comité de Enlace Antifascista” local, presidido por Amado Granell, un concejal republicano de Benicarló que, más adelante participó en la liberación de París de las tropas nazis. “Yo me dediqué a los abastecimientos y establecimos un almacén en Sta. Justa. Las colectivizaciones vinieron después, cuando él ya estaba en el frente. “Augusto Pescador llevó la organización de las exportaciones de naranja, el “c1earing” y demás”. El fundador de la CNT estuvo poco tiempo en la retaguardia. “Quería irme al frente pero no me dejaron hasta marzo del 37 1os de la CNT. Había muchas persecuciones injustas que no me gustaban y que eran difíciles de contener. Por ejemplo, fue Pujazón el que evitó a punta de pistola que se destrozara el Cristo de la Agonía. Y por supuesto que no se trataba de gente de fuera. Era gente de Orihuela la que destrozó imágenes”. En cuanto a la quema de Sta. Lucía, explica que “fue una concesión a los más radicales y se eligió porque estaba cayéndose”. En febrero del 37 se le nombra concejal, “más que nada con el apoyo de los socialistas”, pero en marzo dimite y se incorpora al frente en Albarracín (Teruel).
El frente, dominado allí por las milicias de CNT-FAI, acabó de poner a prueba su militancia anarquista. “Aquello era un desastre", sentencia. Se aparta por completo de la CNT para hacerse carabinero del Servicio de Información Militar.
El fin de la guerra le pilló en Alicante, donde vio entrar a los italianos que luchaban para Franco. Luego vino su detención al traslado a Orihuela, la obligada vuelta a los puentes con las manos atadas entre insultos. Y aún quedaban dos procesos sucesivos en Alicante, dos condenas a muerte que fueron conmuta das al cabo de tres meses, las represalias sobre su madre, que había sufrido por su desvío religioso y ahora padecía el rigor de los vencedores de su hijo, por fin siete largos Mas de peregrinar por las prisiones donde quedó su juventud y algún viejo amigo como Miguel Hernández.
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