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[viernes 11 de junio de 2010]
NOTAS PARA UN ESTUDIO DE LA POESÍA DE MIGUEL HERNÁNDEZ (IV): La poesía de propaganda y de combate en tiempos de guerra
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Por Emilio Rucandio Palomar
4. La poesía de propaganda y de combate en tiempos de guerra: ´Viento del pueblo´ y ´El hombre acecha´
Según Juan Cano Ballesta (25) “…´Viento del pueblo´, publicado en 1937, comprende una serie de obras surgidas como respuesta a situaciones muy precisas, en la azarosa existencia de la guerra. El poema primero de este ciclo bélico es, cronológicamente,´Sentado sobre los muertos´, que apareció en el ´Mono Azul´, núm. 5, 24 de septiembre de 1936 (…). El libro se cierra, cronológicamente, con el poema ´Euzkadi´, publicado en ´La Voz del combatiente´, núm. 201, 20 de julio de 1937 (…). Con ello, ´Viento del pueblo´ comprende poemas compuestos entre septiembre de 1936 y julio de 1937 como límites cronológicos”. Lo que da unidad al libro es la experiencia de la guerra civil y la actitud que tiene el escritor ante tal hecho: los intelectuales y creadores, en circunstancias tan excepcionales, no pueden olvidarse de la realidad para perderse en inútiles y abstractos juegos artísticos. La realidad ha de reflejarse, en las obras de los creadores, sin ser traicionada. Los hombres de la cultura han de tener fe en que con sus obras puedan contribuir al nacimiento de una sociedad más justa. El estallido de la guerra civil hizo que Miguel Hernández pusiera su arte al servicio de la causa republicana. Quiere que su poesía, su prosa y su teatro sirvan para alentar a quienes, luchando por los mismos ideales que él, pasen por momentos de desaliento. El arte, por consiguiente, ha de tener una función social y política, cuando las circunstancias así lo exijan:
“HAY QUE ASCENDER LAS ARTES HACIA DONDE ORDENA LA GUERRA” “A los hombres españoles que irremediablemente dedican su vida a la vida del arte se les ofrece una tremenda, inagotable y dura cantera de donde extraer el mármol definitivo para su obra: la de esta guerra, la de esta vida que vivimos tan al desnudo en sus pasiones, en sus sentimientos. ”La guerra, el gran acontecimiento, ya lo he dicho, desnuda tanto al hombre que se le ve transparente en sus menores movimientos y rasgos. Ninguna materia tan perpetua para el hombre que hace arte como la de una Humanidad en plena conmoción, emoción, revolución de todos sus valores morales y materiales. ”Los hombres de la pintura, la escultura, la poesía, las artes en general, se ven hoy en España impelidos hacia la realización de una obra profundamente humana que no han comenzado a realizar todavía. Yo veo a los pintores, los escultores, los poetas de España empeñados en una labor de fáciles resoluciones, sin el reflejo mejor de los problemas que la situación de este tiempo ha planteado. Advierto a estos hombres llenos de una frivolidad artística heredada de otros hombres, artistas de relumbrón, excéntricos en pintura, escultura, poesía, arte en general. Veo que los pintores temen a la pintura, la rehúyen y se entregan a juegos ya en desuso del cubismo y sus provocadores. A los escultores, a los poetas les sucede lo mismo: les falta consistencia espiritual, formalidad que decimos. Veo que los hombres de España, con ambiciones creadoras, cierran los ojos y el corazón a la latente realidad que los rodea y les acosa, vestidos de un egoísmo de barro sucio, impenetrable por una realidad mezquina de serlo. ”En medio de esa realidad han aparecido libros, revistas, obras de arte que demuestran lo ajenos que se encuentran sus autores a ella. ”Pero mi confianza en el porvenir de España me hace tenerla en quienes han de dar cauce bueno a ese porvenir, y espero que las artes empiecen a ascender hacia donde ordena el pueblo español victorioso y conmovido”.
(OC, tomo II, Teatro. Prosas. Correspondencia. pág. 2235
Aunque la guerra es lo que confiere la unidad a Viento del pueblo y a todos los demás poemas del ciclo de la guerra, sin embargo es difícil considerar esta obra como un “libro orgánico”, porque estamos, más bien “ante una antología, si bien su autor parezca haber intentado una cierta estructuración dialéctica, al menos en alguna de sus partes (26)”. Los propósitos que persigue Miguel Hernández con su libro parecen expresados con toda claridad en la dedicatoria a Vicente Aleixandre:
“DEDICO ESTE LIBRO A VICENTE ALEIXANDRE” “Vicente: A nosotros que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la vida junto a todos los hombres. Nosotros venimos brotando del manantial de las guitarras acogidas por el pueblo, y cada poeta que muere deja en manos de otro, como una herencia, un instrumento que viene rodando desde la eternidad de la nada a nuestro corazón esparcido. Ante la sombra de dos poetas nos levantamos otros dos, y ante la nuestra se levantarán otros dos mañana. Nuestro cimiento será siempre el mismo: la tierra. Sólo esas honradas manos pueden contener lo que la sangre honrada del poeta derrama vibrante. Aquel que se atreve a manchar esas manos, aquellos que se atreven a deshonrar esa sangre, son los traidores asesinos del pueblo y la poesía, y nadie los salvará: en su misma suciedad quedarán cegados. ”Tu voz y la mía irrumpen del mismo venero. Lo que echo de menos en mi guitarra lo hallo en la tuya. Pablo Neruda y tú me habéis dado imborrables pruebas de poesía, y el pueblo, hacia el que tiendo todas mis raíces, alimenta y ensancha mis ansias y mis cuerdas con el soplo cálido de sus movimientos nobles. ”Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas. Hoy, este hoy de pasión, de vida, de muerte, nos empuja de un imponente modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo. El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo”.
(OC, tomo I, Poesía, pág. 550)
El compromiso de Miguel Hernández con su pueblo tiene unas causas muy concretas: el poeta también ha pasado por toda clase de penalidades y desdichas, como dice en el poema “SENTADO SOBRE LOS MUERTOS”:
Si yo salí de la tierra, si yo he salido de un vientre desdichado y con pobreza, no fue sino para hacerme ruiseñor de las desdichas, eco de la mala suerte, y cantar y repetir a quien escucharme debe cuanto a penas, cuanto a pobres cuanto a tierra se refiere.
(…)
Canto con la voz de luto, pueblo de mí, por tus héroes: tus ansias como las mías, tus desventuras que tienen del mismo metal el llanto, las penas del mismo temple, y de la misma madera tu pensamiento y mi frente, tu corazón y mi sangre tu dolor y mis laureles. Antemuro de la nada esta vida me parece.
Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo desde ahora y desde siempre. Varios tragos es la vida y un solo trago la muerte.
(OC, tomo I, Poesía, págs. 556-557)
Para defender a su pueblo (“VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN” es el título de un poema del libro) y hacer frente al movimiento de los “militares traidores”, Miguel Hernández participa en la guerra como miliciano de Quinto Regimiento de Valentín González, “El Campesino”, y es jefe del departamento de cultura, estando a las órdenes de Pablo de la Torriente, comisario político. Resultado de estas experiencias son los poemas ”EL CAMPESINO”, “DIGNO DE SER COMANDANTE” y “MEMORIA DEL QUINTO REGIMIENTO” (no incluido en el libro), así como la “ELEGÍA SEGUNDA” a Pablo de la Torriente. Miguel, poeta y soldado, es nombrado jefe del Altavoz del Frente de la Primera Brigada Móvil de Choque, en el Frente Sur. Así, puede utilizar la poesía como arma de propaganda y de combate en las trincheras, en las zonas de retaguardia o puede dirigirse a los soldados enemigos a través de los altavoces para hacerles ver quiénes son los verdaderos enemigos de España:
“CAMPESINO DE ESPAÑA”
Traspasada por junio, por España y la sangre, se levanta mi lengua con clamor a llamarte.
Campesino que mueres, campesino que yaces en la tierra que siente no tragar alemanes, no morder italianos: español que te abates con la nuca marcada por un yugo infamante, que traicionas al pueblo defensor de los panes: campesino, despierta, español, que no es tarde. Calabozos y hierros, calabozos y cárceles, desventuras, presidios, atropellos y hambres, eso estás defendiendo, no otra cosa más grande. Perdición de tus hijos, maldición de tus padres, que doblegas tus huesos al verdugo sangrante, que deshonras tu trigo, que tu tierra deshaces, campesino, despierta, español, que no es tarde.
(…)
Campesino, despierta, español, que no es tarde. A este lado de España esperamos que pases: que tu tierra y tu cuerpo la invasión no se trague.
(OC, tomo I, Poesía, págs. 604-607)
En julio de 1937 participa en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia. Después de un viaje a la Unión Soviética para asistir al V Festival de Teatro Soviético, entra a formar parte de la 11 División de Líster. El compromiso de Miguel Hernández con su sociedad es total. Él mismo lo explica en la “Nota previa” a su “TEATRO EN LA GUERRA” (La cola, El hombrecito, El refugiado, Los sentados): “El 18 de julio de 1936, frente al movimiento de los militares traidores, entro yo, el poeta, y conmigo mi poesía, en el trance más doloroso y trabajoso, pero más glorioso, al mismo tiempo de mi vida. No había sido hasta ese día un poeta revolucionario en toda la extensión de la palabra y su alma, había escrito versos y dramas de exaltación del trabajo y de condenación del burgués, pero el empujón definitivo que me arrastró a esgrimir mi poesía en forma de arma combativa me la dieron los traidores, con su traición, aquel iluminado 18 de julio. Intuí, sentí venir contra mi vida, como un gran aire, la gran tragedia, la tremenda experiencia poética que se avecinaba en España, y me metí, pueblo adentro, más hondo de lo que estoy metido desde que me parieran, dispuesto a defenderlo fielmente de los provocadores de la invasión. Desde entonces acá, vengo luchando de muchas maneras, y sólo me canso y no estoy contento cuando no hago nada. ”Una de las maneras mías de luchar, es haber comenzado a cultivar un teatro hiriente y breve: La cola, El hombrecito, El refugiado, Los sentados, son una manifestación del teatro a que he dado comienzo. ”Creo que el teatro es un arma magnífica de guerra contra el enemigo de enfrente y contra el enemigo de casa. Entiendo que todo teatro, toda poesía, todo arte, ha de ser, hoy, más que nunca, un arte de guerra. De guerra a todos los enemigos del cuerpo y del espíritu que nos acosan, y ahora, en estos momentos de revolución y renovación de tantos valores, más al desnudo y al peligro que nunca. ”Con mi poesía y mi teatro, las dos armas que más me corresponden y que más uso, trato de aclarar la cabeza y el corazón de mi pueblo, sacarlos con bien de los días revueltos, turbios, desordenados, a la luz más serena y humana. Es la de hoy la hora más apropiada para mí: y no quiero dejarme dormir ni distraer, porque quiero ver cuajados los sentimientos y pensamientos de mi gente en una vida de dignidad, de grandeza, y para eso pongo mis cinco sentidos en este trabajo de engrandecimiento, como puedo y como sé, junto a los mejores hombres de España. Con mi poesía y mi teatro, las dos armas que más relucen en mis manos con más filo cada día, trato de hacer de la vida materia heroica frente a la muerte. Y no he de parar hasta hacerla. ”El corazón mío procura dignificarse a fuerza de ser generoso, desprendido de su sangre frente al corazón de los demás hombres. En mi poesía, en mi teatro, expongo las luchas de mis pasiones, que reflejan las de los demás, y siempre procuro que venza el entendimiento puro de las mismas. Dentro del pecho de cada uno de nosotros, de los que luchamos por la revolución, está trabajándose, perfeccionándose la revolución, que comienza a brotar ayudada por la fuerza interior, más que por la exterior de nuestro pecho. ”Yo me digo: si el mundo es teatro, si la revolución es carne de teatro, procuremos que el teatro, y por consiguiente la revolución, sean ejemplares, y tal vez, y sin tal vez, conseguiremos entre todos que el mundo también lo sea. “Yo me digo: hay que sepultar las ruinas del obsceno y mentiroso teatro de la burguesía, de todas las burguesías y comodidades del alma, que todavía andan moviendo polvo y ruido en nuestro pueblo. ¡Fuera de aquí, de los ojos y de las orejas de aquí, aquellos espectáculos que no sirven para otra cosa que para mover la lujuria, dormir el entendimiento y tapiar el corazón reluciente de los españoles! La gran tragedia que se desarrolla en España necesita poetas que la contengan, la expresen la orienten y la lleven a un término de victoria y verdad. ”Cuando descansemos de la guerra, y la paz aparte los cañones de las plazas y los corrales de las aldeas españolas, me veréis por ellos celebrar representaciones de un teatro que será la vida misma de España, sacada limpiamente de sus trincheras, sus calles, sus campos y sus paredes.”
(OC, tomo II, Teatro. Prosas. Correspondencia, págs. 1787-1788)
Así pues, Miguel no sólo expresa su compromiso con el pueblo español, sino que, además, defiende la necesidad de una estética diferente en tiempos en los que están en juego valores como la dignidad, la libertad, la justicia, etc. Viento del pueblo tiene como poema inicial la “ELEGÍA PRIMERA”,dedicada al poeta Federico García Lorca, llanto por el amigo asesinado y, también, muestra de la admiración que Miguel Hernández sentía por el poeta granadino:
Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas, y en traje de cañón, las parameras donde cultiva el hombre raíces y esperanzas, y llueve sal, y esparce calaveras.
Verdura de las eras, ¿qué tiempo prevalece la alegría? El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas y hace brotar la sombra más sombría.
El dolor y su manto vienen una vez más a nuestro encuentro. Y una vez más al callejón del llanto lluviosamente entro. Siempre me veo dentro de esta sombra de acíbar revocada, amasada con ojos y bordones, que un candil de agonía tiene puesto a la entrada y un rabioso collar de corazones.
Llorar dentro de un pozo, en la misma raíz desconsolada del agua, del sollozo, del corazón quisiera: donde nadie me viera la voz ni la mirada, ni restos de mis lágrimas me viera.
Entro despacio, se me cae la frente despacio, el corazón se me desgarra despacio, y despaciosa y negramente vuelvo a llorar al pie de una guitarra.
Entre todos los muertos de elegía, sin olvidar el eco de ninguno, por haber resonado más en el alma mía, la mano de mi llanto escoge uno. Federico García hasta ayer se llamó: polvo se llama. Ayer tuvo un espacio bajo el día que hoy el hoyo le da bajo la grama.
(…)
¡Qué sencilla es la muerte, qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada.
Tú, el más firme edificio, destruido, tú, el gavilán más alto, desplomado, tú, el más grande rugido, callado, y más callado, y más callado.
Caiga tu sangre de granado, como un derrumbamiento de martillos feroces, sobre quien te detuvo mortalmente, Salivazos y hoces caigan sobre la mancha de su frente.
Y es que, ante tan monstruoso crimen, el universo entero se siente conmovido: Muere un poeta y la creación se siente herida y moribunda en las entrañas. Un cósmico temblor de escalofríos mueve terriblemente las montañas, un resplandor de muerte la matriz de los ríos. Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos, veo un bosque de ojos nunca enjutos, avenidas de lágrimas y mantos: y en torbellinos, de hojas y de vientos, lutos tras otros lutos y otros lutos. llantos tras otros llantos y otros llantos.
(OC, tomo I, Poesía, págs. 551-553)
Además de los poemas elegíacos, hay en el libro composiciones que atacan al fascismo y poemas de tonalidad heroica y de temática social (”VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN”, “EL NIÑO YUNTERO”, “JORNALEROS”, “ACEITUNEROS”, ”LAS MANOS” y “EL SUDOR”).En “VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN” se hace un llamamiento a los españoles para que luchen por la conquista de la libertad. El poeta, que quiere ayudar a su pueblo, utilizará como medios su sangre y sus versos. Para referirse a esa indomable fuerza que ha de tener el pueblo español ante quienes intentan encarcelar su libertad, hace un uso simbólico del mundo animal: leones, águilas y toros, frente a los bueyes, que se resignan a trabajar para su amo: Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos: los leones la levantan y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa. No soy de un pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España. ¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza? ¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas, ni quien al rayo detuvo prisionero en una jaula?
(…)
Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan, encima de los fusiles y en medio de las batallas.
(OC, tomo I, Poesía, págs. 559-560)
Los poemas de tema social son un canto de protesta contra la opresión y explotación del pueblo. Tanto en “EL NIÑO YUNTERO” como en “ACEITUNEROS”, el discurso, en determinados momentos, se articula en torno a una pregunta-respuesta, es decir, el poema se constituye en una concreta propuesta de acción dirigida a las víctimas, a los oprimidos:
Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello.
Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida.
Empieza a vivir y empieza a morir de punta a punta levantando la corteza de su madre con la yunta.
Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra, y a dar fatigosamente en los huesos de la tierra.
Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave de sal para el labrador.
Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio.
A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, con una ambición de muerte despedaza un pan reñido..
Cada nuevo día es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura.
Y como raíz se hunde en la tierra lentamente para que la tierra inunde de paz y panes su frente.
Me duele este niño hambriento como una grandiosa espina, su vivir ceniciento revuelve mi alma de encina.
Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo.
Me da su arado en el pecho, y su vida en la garganta, y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta.
¿Quién salvará este chiquillo menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena?
Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros.
(“EL NIÑO YUNTERO”, OC, tomo I, Poesía, págs. 561-563)
Andaluces de Jaén, Aceituneros altivos decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos?
No los levantó la nada, ni el dinero, ni el señor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura y a los planetas unidos, los tres dieron la hermosura de los troncos retorcidos.
Levántate, olivo cano, dijeron al pie del viento. Y el olivo alzó una mano poderosa de cimiento.
Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién amamantó los olivos?
Vuestra sangre, vuestra vida, no la del explotador que se enriqueció en la herida generosa del sudor.
No la del terrateniente que os sepultó en la pobreza, que os pisoteó la frente, que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán consagró al centro del día eran principio de un pan que sólo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol y luna a luna, pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, pregunta mi alma: ¿de quién, de quién son estos olivos?
Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares.
Dentro de la claridad del aceite y sus aromas, indican tu libertad la libertad de tus lomas.
(“ACEITUNEROS”, tomo I, Poesía, págs. 585-586)
Miguel Hernández, a la vez que exalta el trabajo y al trabajador, que tiene como “vestidura de oro” el sudor, desprecia a los que no trabajan:
Cuando los campesinos van por la madrugada a favor de la esteva removiendo el reposo se visten de una blusa silenciosa y dorada de sudor silencioso.
Vestidura de oro de los trabajadores, adorno de las manos como de las pupilas. Por la atmósfera esparce sus fecundos olores una lluvia de axilas.
El sabor de la tierra se enriquece y madura: caen los copos del llanto laborioso y oliente, maná de los varones y de la agricultura, bebida de mi frente.
Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos en el ocio sin brazos, sin música, sin poros, no usaréis la corona de los poros abiertos ni el poder de los toros.
Viviréis maloliendo, moriréis apagados: la encendida hermosura reside en los talones de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados como constelaciones. Entregad el trabajo, compañeros, las frentes: Que el sudor, con su espada de sabrosos cristales, con sus lentos diluvios, os hará transparentes, venturosos, iguales.
(“EL SUDOR”, OC, tomo I, Poesía, pag. 595)
Por otra parte, Miguel Hernández considera que en España se ha de contar con la juventud (“NUESTRA JUVENTUD NUNCA MUERE”, “LLAMO A LA JUVENTUD”) y con las naciones que quieran defender la causa republicana (“RECOGED ESTA VOZ”).
Pero Miguel Hernández, poeta y soldado, es también un hombre que ama profundamente a una mujer y al hijo que va a nacer, como otros hombres y otros soldados. Así se explica la “CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO”, en la que lo épico y lo amoroso, lo personal y lo colectivo se unen. Se lucha porque se quiere una España más justa para la mujer y el hijo:
He poblado tu vientre de amor y sementera, he prolongado el eco de sangre a que respondo y espero sobre el surco como el arado espera he llegado hasta el fondo.
Morena de altas torres, alta luz y ojos altos, esposa de mi piel, gran trago de mi vida, tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos de cierva concebida.
Ya me parece que eres un cristal delicado, temo que te me rompas al más leve tropiezo, y a reforzar tus venas con mi piel de soldado fuera como el cerezo.
Espejo de mi carne, sustento de mis alas, te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, ansiado por el plomo.
Sobre los ataúdes feroces en acecho, sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho hasta en el polvo, esposa.
Cuando junto a los campos de combate te piensa mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, te acercas hacia mí como una boca inmensa de hambrienta dentadura.
Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo.
Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, envuelto en un clamor de victoria y guitarras, y dejaré a tu puerta mi vida de soldado sin colmillos ni garras.
Es preciso matar para seguir viviendo. Un día iré a la sombra de tu pelo lejano, y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo cosida por tu mano.
Tus piernas implacables al parto van derechas, y tu implacable boca de labios indomables, y ante mi soledad de explosiones brechas recorres un camino de besos implacables. Para el hijo será la paz que estoy forjando. Y al fin en un océano de irremediables huesos tu corazón y el mío naufragarán, quedando una mujer y un hombre gastados por los besos.
(“CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO”, OC, tomo I, Poesía, págs. 601-604)
Para comunicar su mensaje, Miguel Hernández utiliza tanto los metros cortos, de origen popular, como los más largos, apropiados para la expresión de sentimientos que necesitan un cauce más ancho para navegar con la fluidez necesaria. Junto con los octosílabos conviven los endecasílabos y los alejandrinos, con los romances, las silvas consonantes los serventesios con el cuarto verso de pie quebrado, etc. ¿Viento del pueblo es, simplemente un poemario de circunstancias? Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia (27) piensan que es mucho más que eso:
“Es un error, pues, considerar estos poemas –como han hecho algunos críticos- frutos ocasionales y de circunstancias. Por el contrario, son la consecuencia de una convicción y, por ende, la sincera expresión de una manera de entender la vida. Podrá haber poesía tan auténtica como ésta, pero no más. La dedicatoria que al frente del libro coloca Miguel para Vicente Aleixandre no es sólo una hermosa página, sino también una lúcida declaración. Enaltece al poeta que la escribe, pero asimismo al otro poeta que merece recibirla”. El hombre acecha (1937-1939) es el segundo libro que forma parte del ciclo de la guerra civil. Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia (28) localizan los primeros poemas de este libro en 1937, pues “RUSIA” y “LA FÁBRICA-CIUDAD” se escribieron durante el viaje que Miguel Hernández hizo a la Unión Soviética el 28 de agosto de 1937 o fueron una consecuencia de dicho viaje. La atmósfera sentimental del libro es diferente a la de Viento del pueblo, aunque haya aspectos coincidentes entre ambos libros. El desarrollo de la guerra y la victoria que no llega, el hambre, la sangre, los heridos, los muertos, etc., hacen que el dolor, la pesadumbre y la desesperación sean los sentimientos fundamentales del libro. Si Viento del pueblo se abría con una dedicatoria a Vicente Aleixandre, El hombre acecha lo hace con otra a Pablo Neruda, en la que ya aparece la triste realidad de la guerra: el odio, el rencor y la ausencia del beso, es decir, del amor y de la vida. No obstante, al final del texto, Miguel quiere dejar abierta una puerta abierta a la esperanza, ya que necesita creer en un mañana pleno de alegría y de vida:
“Pablo: Te oigo, te recuerdo en esta tierra tuya, luchando con tu voz frente a los aluviones que arrebatan la vaca y la niña para proyectarlas en tu pecho. Oigo tus pasos hechos a cruzar la noche, que vuelven a sonar sobre las losas de Madrid, junto a Federico, a Vicente, a Delia, a mí mismo. Y recuerdo a nuestro alrededor aquellas madrugadas, cuando amanecíamos dentro del azul de un topacio de carne universal, en el umbral de la taberna confuso de llanto y escarcha, como viudos y heridos de luna. ”Pablo: un rosal sombrío viene y se cierne sobre mí, sobre una cuna famliar que se desfonda poco a poco, hasta entreverse dentro de ella, además de un niño de sufrimiento, el fondo de la tierra. Ahora recuerdo y comprendo más tu combatida casa, y me pregunto: ¿qué tenía que ver con el consulado cuando era cónsul Pablo? ”Tú preguntas por el corazón, y yo también. Mira cuántas bocas cenicientas de rencor, hambre, pálidas de no cantar, no reír: resecas de no entregarse al beso profundo. Pero mira el pueblo que sonríe con una florida tristeza, augurando el porvenir de la alegre sustancia. Ël nos responderá. Y las tabernas, hoy tenebrosas como funerarias, irradiarán el resplandor más penetrante el vino y la poesía”.
(OC, tomo I, Poesía, pág. 647)
Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia (29) clasifican así los poemas del libro:
a) Combativos: “LLAMO AL TORO DE ESPAÑA”, “EL VUELO DE LOS HOMBRES”, “OFICIALES DE LA VI DIVISIÓN”.
b) Sociales “LA FÁBRICA-CIUDAD”, “EL HAMBRE” y “LLAMO A LOS POETAS”. c) Políticos: “RUSIA”.
d) De aflicción: “CANCIÓN PRIMERA”, “EL SOLDADO Y LA NIEVE”, “CARTA”, “EL TREN DE LOS HERIDOS”, “18 DE JULIO DE 1936 - 18 DE JULIO DE 1938”, “MADRID”, “MADRE ESPAÑA” y “CANCIÓN ÚLTIMA”.
Hay poemas que pueden formar parte de más de un grupo: “EL HERIDO” puede formar parte del a) y del d); “LAS CÁRCELES” del b) y del d) ; “LOS HOMBRES VIEJOS” participa de las características de los cuatro grupos, además de tener un tono sarcástico. La “CANCIÓN PRIMERA” y la “CANCIÓN ÚLTIMA” abren y cierran el poemario respectivamente. El último verso de la “CANCIÓN PRIMERA” da título al libro: “y el hombre acecha al hombre”. Efectivamente, la guerra ha hecho estallar las pasiones, y el hombre, que acecha al hombre, se ha convertido en una fiera que enseña sus garras y las utiliza para matar a otros hombres. El ser humano se ha alejado de la vida y de la naturaleza, y ésta se ha asustado al verlo transformado en animal salvaje. Se ha roto la armonía entre el hombre y la naturaleza al mostrar aquél sus garras que, incluso, pueden ser utilizadas contra el propio hijo: Se ha retirado el campo
al ver abalanzarse crispadamente al hombre.
¡Qué abismo entre el olivo y el hombre se descubre!
El animal que canta: el animal que puede llorar y echar raíces, rememoró sus garras.
Garras que revestía de suavidad y flores, pero que, al fin, desnuda en toda su crueldad.
Crepitan en mis manos, aparta de ellas, hijo. Estoy dispuesto a hundirlas, dispuesto a proyectarlas sobre tu carne leve.
He regresado al tigre. Aparta o te destrozo.
Hoy el amor es muerte, y el hombre acecha al hombre.
(OC, tomo I, Poesía, pág. 648)
Sin embargo, la “CANCIÓN ÚÑTIMA” expresa la esperanza del poeta en que el hombre recobre su humanidad y deje de odiar para que, así, el amor y la alegría vuelvan a su casa. El poema acaba con una súplica del poeta que no quiere que le nieguen esta esperanza: Pintada, no vacía:
pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias.
Regresará del llanto adonde fue llevada con su desierta mesa, con su ruinosa cama.
Florecerán los besos sobre las almohadas, y en torno de los cuerpos elevará la sábana su intensa enredadera nocturna, perfumada.
El odio se amortigua detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza
(OC, tomo I, Poesía, págs. 680-681)
Enmarcadas por estas dos canciones están los demás poemas que, de acuerdo con una clasificación más general que la anteriormente citada, son agrupados por Víctor García de la Concha (30) en dos grandes series temáticas: los poemas que aluden a la dureza de la guerra “EL SOLDADO Y LA NIEVE”, “EL HERIDO”, “EL TREN DE LOS HERIDOS”, “18 DE JULIO 1936 - 18 DE JULIO 1938) y lo que llaman a seguir luchando contra el enemigo (“LLAMO AL TORO DE ESPAÑA”, “PUEBLO”, “LLAMO A LOS POETAS”, “MADRE ESPAÑA”, etc). Las dramáticas consecuencias de la guerra se manifiestan en “EL TREN DE LOS HERIDOS”, el tren que cruza la larga e inmensa noche. La estrofa inicial y la última insisten en el símbolo de la noche:
Silencio que naufraga en el silencio De las bocas cerradas de la noche. No cesa de callar ni atravesado. Habla el lenguaje del ahogado de los muertos.
(…)
Detened ese tren agonizante que nunca acaba de cruzar la noche. Y se queda descalzo hasta el caballo, y enarena los cascos y el aliento.
(OC. tomo I, Poesía, págs. 672-673)
El silencio y la muerte se constituyen en protagonistas destacados de este viaje. Cada una de las estrofas del poema va seguida de la palabra “Silencio”, palabra con la que también comienza el poema. Silencio y muerte, es decir, sangre que no cesa de brotar:
El tren lluvioso la sangre suelta, el frágil tren de los que se desangran, el silencioso, el doloroso, el pálido, el tren callado de los sufrimientos.
(OC, tomo I, Poesía, página 673)
Pero, ¿quién puede detener ese tren? No es un tren de muertos, sino de “murientes, de heridos reales y concretos, y también, simbólicamente, de todas las sucesivas guerras en las que la humanidad se desangra, y aun de todos los seres humanos, heridos existencialmente”(31). También el poema “18 DE JULIO 1936 - 18 DE JULIO 1938” recoge el tema de la sangre. El poeta refleja el dolor que le causa tanta sangre derramada en esos dos años de guerra civil:
Es sangre, no granizo, lo que azota mis sienes. Son dos años de sangre: son dos inundaciones. Sangre de acción solar, devoradora vienes, hasta dejar sin nadie y ahogados los balcones,
Sangre que es el mejor de los mejores bienes. Sangre que atesoraba para el amor sus dones. Vedla enturbiando mares, sobrecogiendo trenes, desalentando toros donde alentó leones.
El tiempo es sangre. El tiempo circula por mis venas. Y ante el reloj y el alba me siento más que herido, y oigo un chocar de sangres de todos los tamaños.
Sangre donde se puede bañar la muerte apenas fulgor emocionante que no ha palidecido, porque lo recogieron mis ojos de mil años.
(OC, tomo I, Poesía, página 649)
Entre los poemas combativos hay que destacar el titulado “LLAMO AL TORO DE ESPAÑA”. Nuevamente el símbolo del toro, España y lo españoles, en esta ocasión, que son presentados como lobos, águilas y animales felinos:
Despiértate del todo, que te veo dormido, un pedazo del pecho y otro de la cabeza: que aún no te has despertado como despierta un toro cuando se le acomete con traiciones lobunas.
(OC, tomo I, Poesía, página 649)
La presencia de elementos cósmicos es una constante en el poema. La bravura del toro ha de “asustar a los astros”:
Resopla tu poder, despliega tu esqueleto, enarbola tu frente con las rotundas hachas, con las dos herramientas de asustar a los astros, de amenazar al cielo con astas de tragedia.
(OC, tomo I, Poesía, página 649)
Las referencias a los atributos físicos del toro (la piel, los ojos, etc.) se producen a través de hipérboles que se fundamentan en la utilización de elementos cósmicos y telúricos:
No te van a absorber la sangre de riqueza, no te arrebatarán los ojos minerales. la piel donde recoge resplandor el lucero no arrancarán del toro de torrencial mercurio.
(…)
Gran toro que en el bronce y en la piedra has mamado, y en el granito fiero paciste la fiereza: revuélvete en el alma de todos los que han visto la luz primera en esta península ultrajada.
(OC, tomo I, Poesía, págs. 649-650)
Al constituirse el poema en una arenga que pretende conseguir una respuesta activa que pueda dar lugar a la victoria sobre el enemigo, a lo largo de toda la composición se reiteran los imperativos, siempre separando cada una de las estrofas. En la última de ellas se recogen diez, de estos once imperativos, puesto que no aparece “Yérguete”. Tal vez, con ello, quiera realzarse la necesidad de la acción como vía salvadora, al repetirse tres veces “Sálvate” junto con otros verbos que indican acción violenta:
Despierta, toro, esgrime, desencadena, víbrate. Levanta, toro: truena, toro, abalánzate. Atorbellínate, toro: revuélvete. Sálvate, denso toro de emoción y de España.
Sálvate.
(OC, tomo I, Poesía I, pág. 650)
Pero Miguel Hernández también se dirige a los poetas de su tiempo para que participen en la creación de un mundo más humano, más solidario y más libre. En “LLAMO A LOS POETAS”, poema en el que defiende una ética y una poética, se insiste en que los poetas tienen que acercarse a la realidad de su tiempo, descender de su pedestal y ser humildes y solidarios con los demás hombres. Federico García Lorca tendría que servir de ejemplo:
Ahí está Federico: sentémonos al pie de su herida, debajo del chorro asesinado, que quiero contener como si fuera mío, y salta y no se acalla entre las fuentes.
(OC, tomo I, Poesía, pág. 675)
Entre los poetas citados (Antonio Machado, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez, etc.) quedan destacados Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, poetas, no lo olvidemos, a quienes ha dedicado, respectivamente, Viento del pueblo y El hombre acecha:
Entre todos vosotros, con Vicente Aleixandre y con Pablo Neruda tomo silla en la tierra: tal vez porque he sentido su corazón cercano cerca de mí, casi rozando el mío.
Con ellos me he sentido más arraigado y hondo, y además menos solo. Ya vosotros sabéis lo solo que yo voy, por qué voy yo tan solo. Andando voy, tan solos yo y mi sombra. (OC, tomo I, Poesía, pág. 674)
¿Cuál es la importancia de El hombre acecha en la trayectoria poética del escritor? Ésta es la valoración que hace Víctor García de la Concha (32):
“Si como documento humano de una circunstancia trágica del poeta y de España, El hombre acecha puede resultar conmovedor, su valoración literaria es claramente negativa. Claro que a la par que agavillaba esas muestras de desesperación, comenzaba Miguel otro camino de escritura poética que iba a conducirle a la cima de su arte en el Cancionero y Romancero de ausencias ”.
Precisamente el Cancionero y romancero de ausencias y los poemas del mismo ciclo nos llevarán al final de la escritura poética de Miguel Hernández, final truncado por los “traidores asesinos del pueblo y de la poesía”.
Emilio Rucandio Palomar
Valencia, julio de 2010
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