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"EL NICHO 1009"
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Poemas de MH traducidos al Valenciano por el profesor Lluís Tárraga. (Pincha en rincón poético, poesía de MH. Biografía de Miguel Hernández en valenciano. Traductor, Lluís Tárraga.(Mundo educativo)
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[domingo 23 de octubre de 2011]
El árbol de la vida de Terrence Malick
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Por Mª Engracia Sigüenza Pacheco
Poética en la forma y filosófica en el fondo, así es la nueva y más ambiciosa película del director de cine americano Terrence Malick y quizá sea también la más ambiciosa de la historia del cine. Porque pretender explicar la formación del universo y la de la humanidad al unísono, sin caer en dogmatismos y provocando la reflexión y el deslumbramiento, es una tarea tan ardua como arriesgada y resulta comprensible que acometerla no esté al alcance de cualquiera. Pero Malick no es precisamente un director cualquiera. Nacido en Texas, en 1943 es un escritor, director y productor atípico dentro del mundo del cine. Considerado un refinado intelectual, es el único cineasta que no concede entrevistas ni acude a eventos cinematográficos, ni siquiera para recoger los premios que recibe; se diría que sólo le interesa el acto de la creación en sí. Estudiante de filosofía cum laude en Harvard y profesor de literatura y periodista antes de dedicarse al cine, posee un universo personal, un estilo inconfundible que no atiende a modas o cánones establecidos; es lo que podríamos llamar un esteta.
Sus películas, premiadas en Cannes o Berlín y nominadas a los óscars cuentan con la casi unánime aclamación de la crítica, pero -como sucede con el arte en general- entre el público provocan tanta fascinación como aburrimiento o indiferencia. Y si bien es verdad que todo autor, toda obra tiene su público y que el artista debe crear sin preocuparse del destino de su creación, no lo es menos que disfrutamos y entendemos mejor una obra cuando conocemos las claves que rigen el mundo singular de su creador. En Las cinco películas que ha estrenado Malick (Malas tierras, Días del cielo, La delgada línea roja, El nuevo mundo y El árbol de la vida) se aborda el tema universal del enigma que une a la humanidad con la naturaleza, de los conflictos y la complejidad que comparten todos los organismos y seres vivos con el Universo y de la imprescindible conexión entre ellos. Sus obras no siguen la narrativa común a la mayoría de las películas o las novelas, sino la estructura de la poesía con un trasfondo filosófico y naturalista. Así, para tratar en imágenes las grandes cuestiones de la humanidad; el misterio del amor, de la vida y de la muerte etc., el director utiliza siempre recursos poéticos como la elegía, la metáfora, el simbolismo, la invocación, la musicalidad o la sinestesia. Y todos estos elementos aparecen sublimados en El árbol de vida. La banda sonora por ejemplo, exquisita, que incluye a Couperin, Berlioz, Brahms o Smetana, juega también, como no podía ser menos, un papel fundamental en las emociones que las imágenes transmiten. Malick eligió para la partitura al compositor Alexandre Desplat (El velo pintado, El curioso caso de Benjamin Button, El discurso del rey) y le pidió que la música fluyera como un río a lo largo de la película. Y no pudo elegir mejor opción, ya que esa es la especialidad del magnifico músico francés: su piano siempre fluye con delicadeza y emotividad, nunca utiliza la impostura ni la grandilocuencia. Como artista, Malick plasma en sus creaciones la visión panteísta que tiene del mundo, por eso sus imágenes siempre hablan majestuosamente del poder inmanente de la naturaleza. Para ello ha contado con extraordinarios directores de fotografía de la talla de Néstor Almendros en Días del cielo y Emmanuel Lubezki en la película que nos ocupa. Sus paisajes aparecen poblados de personajes desarraigados, alienados o perdidos y oscilan pictóricamente entre la ensoñación romántica de Friedrich y el realismo desolado de Hopper. Como filósofo subyace en todos sus guiones una visión nihilista del ser humano. En ellos late el conflicto entre el ser y el existir. Cuestión ésta que el director acaba resolviendo en sus películas de forma positivista utilizando el poder regenerador de la naturaleza. En sus finales siempre es el ciclo vital el que posibilita que la humanidad pueda reencontrarse. Se podría decir que para Malick el concepto de divinidad está en el paisaje interior del ser humano, tan complejo y misterioso como el Universo e íntimamente ligado a él. En El árbol de la vida el director, con el perfeccionismo que lo caracteriza, consigue explicar en cada plano, en cada movimiento de cámara la formación de un sentimiento, de una emoción humana (impresionante el lirismo de las miradas entre los hermanos, entre la madre y los hijos, las reconciliaciones a través de los gestos…); y en un orden paralelo, utilizando con maestría el documental naturalista, mostrar la belleza y la complejidad del mundo que habitamos y de los seres que nos acompañan en él (magistral la enigmática escena de los dinosaurios). Desde el título hasta la gran secuencia onírica final, pasando por cada uno de los personajes-habría que extenderse necesariamente en la hermosa identificación entre mujer y naturaleza y madre y deidad que plantea el director- la película provoca tantas reflexiones, aborda tantas cuestiones trascendentales y complejas que exige la implicación del espectador, su predisposición a la introspección. Por eso no es una película apta para todos los paladares. Ganadora de la palma de oro en el último festival de Cannes El árbol de la vida es antes que una película una obra de arte. Y como tal, y a pesar de las polémicas, se ha convertido para un sector de la crítica y del público en una maravillosa experiencia para los sentidos.
Mª Engracia Sigüenza Pacheco Orihuela, octubre 2011
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